No me pidas mágicas palabras,
ni miradas de cielo.
No se dar cánticos que eleven al paraíso
ni tan siquiera manos que sacudan el cuerpo.
Envenenate de sexo
eso quieres,
eso buscas
cristalinos ojos.
No se atreve
no hay movimiento
esas manos calladas
que saben tocar el silencio
y otra vez
respirando.
respirando.
Humo de cigarro rodea el aire
el fogón que arde
y los cristales empañados.